VENTANAS EN EL TECHO

Jorge Manuel García Ríos

VENTANAS EN EL TECHO


Mamá dijo que me quede aquí, dentro de esta carpa hecha de palos y esteras, que parece una capillita, tan chiquita, donde solo podemos estar echados. Mamá dijo que no me moviera, porque si me alejo o me voy por ahí, jugando con mis cachaquitos, podemos perderlo todo, pero yo no sé qué es todo, porque mamá también me dijo que no tenemos nada. Mamá dijo que aquí, en esta pampa, llena de piedras y polvo, construiremos nuestra casa, que los otros señores, que también están en sus carpas, también construirán sus casas, pero que nuestra casa será más bonita, con jardín y grandes ventanas, y que ya nadie nos molestará ni seguiremos viviendo solo en cuartos alquilados con dueños de casa que exigen que se les pague más y como sea. A mamá no le gusta que le digan que pague como sea, mamá reniega y llora, y salimos a buscar otro cuarto. Mamá dijo que en nuestra casa propia por fin tendremos un perro y un gato. A mí me gustan mucho los perros, los perros chiquitos, porque los grandes me dan miedo, ya una vez un perro grande y negro quiso morderme, mamá le tiró piedras y le gritó: ¡ Fuera!, ¡fuera! El perro no me mordió, igual yo me puse a llorar, mamá me dijo que ya no llore, me regañó por llorar, pero cuando vi sus ojos, ella también estaba llorando. En una hoja de mi cuaderno, mamá dibujó cómo sería nuestra casa, dónde estaría su cuarto, dónde estaría mi cuarto, la sala, la cocina, el baño. Yo nunca he tenido un cuarto solo para mí y un baño con su ducha solo para nosotros, yo le dije a mamá que mi cuarto debe ser más grande y que debe tener más ventanas, hasta ventanas en el techo, pero mamá dijo que no se ponen ventanas en el techo porque no podríamos hacer un segundo piso. Yo le dije que no importa si mi cuarto es chiquito, pero sí quiero tener ventanas en el techo para ver el cielo mientras estoy echado en la cama. Mamá dijo que ya estaba bien, que sí tendré ventanas en el techo y que ella se echará conmigo también a ver las estrellas hasta que yo me duerma. En el dibujo de mi cuaderno, ella puso las ventanas en el techo, hizo crecer más la casa y me dibujó con mi cuerpo de palito y los pelos parados. Yo le puse más plantas a la casa y la dibujé también a ella con cuerpo de palito y pelos parados, y un perro chiquito en la puerta.

El cuaderno lo traje aquí conmigo, lo tuve toda la noche en mi mochila junto a mis cachaquitos cuando entramos a este gran terreno, al costado de un cerro. Ingresamos junto con otras personas que llegaron a pie y algunas en sus carros. De esos carros, nos entregaron palos y esteras, bolsas de plástico, y luego caminamos rápido. Yo estaba con sueño y algunos se pusieron a correr como si alguien los persiguiera. Nosotros también empezamos a correr y el polvo en la noche me hacía toser, mamá dijo que no podía quedarme parado ni sentado, que siguiera y que tuviera cuidado con las piedras. Algunos llevaban linternas, pero felizmente había luna llena y no estaba tan oscuro. Yo quería que mamá me agarrara de la mano, pero ella estaba cargando unos palos y la estera, así que solo abracé con más fuerza mi mochila. Mientras corría, vi que otros niños también corrían apurados. Había una niña con su trencita, que corría con su muñeca; nunca le vi la cara, solo su trencita, que se movía en su espalda como culebra. Al parecer, ya todos sabían dónde iban a estar, poco a poco se detenían en el camino, y empezaban a armar sus carpas sobre la tierra y piedra. Con mamá llegamos hasta aquí y ella también empezó a armar la carpa, aunque alguien luego nos ayudó a hacer parar los palos y poner sobre el techito de esteras bolsas de plástico y cartones para que no entre el frío. Se escuchaban muchos gritos de ¡apúrense! ¡vamos, vamos! y también se escuchaban risas, silbidos, algún llanto. Todos estaban muy agitados, mamá también estaba muy agitada. Luego mamá se consiguió frazadas, cartones, y nos quedamos aquí encerrados, echados, con más olor a tierra, piedra y sudor de mamá, hasta que me dormí. No sé si mamá habrá dormido, solo sé que al despertar ya era día, y me dio Frugos y galletas, y dijo que no me moviera de aquí, que ya volvería en un ratito, que tenía que ir al mercado a recoger una plata, que necesitamos la plata, y que no podemos dejar la carpa. También dijo que, en las otras carpas, había señoras que la conocían y me conocían, que no me iba a pasar nada. Se la notaba muy cansada y me dijo varias veces que solo se iba a ir un ratito, que ya volvía, que no me preocupara, pero ella estaba más preocupada. Dijo que si alguien venía y preguntaba por ella que solo diga que se fue a comprar comida, que ya está volviendo ahorita mismo, que solo diga eso, que no salga de la carpa para nada, que, si dejo la carpa, nos quitan el terreno y perdemos todo. Yo no quiero que nos quiten todo, ya no quiero que mamá diga otra vez que no tenemos nada.

Estoy echado en la carpa, miro la estera, todos los palitos largos y cortos que se han unido para formar la estera. Por algunos huequitos, entre los palitos entrecruzados, puedo ver a la gente que está alrededor; hay más carpas iguales a la que hizo mamá, también hay otros niños y abuelitos comiendo panes con gaseosa. Veo que otros están acomodando sus carpas, poniendo más cartones encima, más bolsas de plástico, no puedo escuchar lo que dicen, son muchas voces dando vueltas y muy alejadas. Me echo sobre la frazada. Hay un poco de tierra a mi costado y siento piedras que me hacen doler un poco por la espalda. Me envuelvo, cierro los ojos y creo que me dormí. Abro los ojos y hace mucho calor, mis mejillas me arden, me quito la chompa y vuelvo a mirar por los huequitos de la carpa, y solo veo a un niño que está con su abuelito; algo le dice, de seguro le está contando cómo quiere que sea su casa, de seguro también la ha dibujado en su cuaderno, aunque no veo ningún cuaderno. Me acuerdo de mi cuaderno, abro mi mochila, veo el dibujo, las ventanas, el perrito chiquito; no tengo ganas de seguir dibujando o pintando, ya no hay Frugos, ya no hay galletas. Ahora escucho más bulla, voces que parecen acercarse, voces que se hablan entre ellas o se chocan. Siento que hay gente que pasa por el costado de la carpa y camina muy rápido. No entiendo qué dicen. Las voces parecen avalancha que llega de todas partes. Ahora empiezan a correr por el costado, levantan polvo, remueven las piedras, y un poco de tierra ingresa por debajo de la carpa, también entra más polvo y me hace toser. A mamá no le gusta el polvo, no le gusta que me ensucie, aunque yo siempre me ensucio. Sigo tosiendo, siento calor, hay polvo y hay calor. Sigo tosiendo. No puedo asomarme porque entra mucho polvo, pasan muy cerca, tengo miedo de que alguien se tropiece y se caiga sobre mi carpa y sobre mí. Algo dicen sobre estar preparados, algo dicen sobre camiones, sobre policías. Ya quisiera que venga mamá. Algo dicen sobre salir con palos, cuidar nuestras carpas, defender nuestros terrenos. Cada vez corren más, no sé para dónde, si para arriba o para abajo, ya quiero que esté mamá. Mamá dijo que ya venía, que me quedara aquí. Tengo miedo de que quieran entrar y vean que mamá no está y nos quiten todo, cuando no tenemos nada. Siento una voz que empieza a sonar más fuerte que el resto y que dice un nombre, no sé qué nombre es. Esa voz se acerca más y pronuncia más fuerte ese nombre. Ese nombre es mío, así me llamo. A pesar del polvo y la tos, salgo de la carpa, me choca el sol, me choca el polvo y un olor raro como a kerosene derramado. La voz es de mamá que llega corriendo, muchos están corriendo, tosiendo, ella me abraza, se pone a llorar, yo también lloro, y me dice que corra, que ya vamos, y yo le digo que no, que no he traído mi mochila y mi cuaderno, me dice que no importa, que haremos un dibujo más grande y más bonito, que corramos para arriba, para el cerro. Yo no quiero dejar mi cuaderno y me pongo a llorar, me acuerdo de las ventanas en el techo y lloro más fuerte, pero sigo corriendo porque así me dijo mamá.



JORGE MANUEL GARCÍA RÍOS

Licenciado en Periodismo. Comunicador del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático del Ministerio del Ambiente. Desde el 2019 retomó la literatura. Este es su primer cuento publicado.

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